miércoles, 16 de mayo de 2012

La guitarra




Allí está la guitarra con una paciencia infinita, esperando la acción mágica de un súbdito del cosmos, para poner en movimiento su energía transfiguradora, para agitar sus ramas y soltar su polen sagrado,  su esencia volátil, temblando como mariposas ante el fuego del verano. Esperando al ciego profeta que haga estrellas de plata, que corte las seis purpuras rosas de su jardín, sus ruiseñores, sus frutos solares como almas, como claveles, como espíritu azul sobre rubias cabelleras.
La guitarra espera con infinita paciencia que su esmerado iniciado rompa las columnas del templo y se crucifique a voluntad en su cabalística madera, pero el instrumento hembra no será negado ni vendido por un beso, ni cambiado por un plato de lentejas, tendrá su caricia y su sublimado orgasmo, tendrá su carro de fuego, su luna y su mitología sagrada, tendrá el oro alquímico de la fortuna y el barro vibrante de la alfarería del mundo. Y la guitarra así, cumplirá el designio divino que cantó el profeta, retornarán las aguas a su cauce, cantará el canario en su jaula y todo ocupará su divino lugar como si nunca hubiese existido la muerte… como si nunca mi amada Melisa se hubiera marchado del mundo, del sol, de las estrellas.


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